"Agua derramada, difícil de recoger".
Este proverbio está profundamente arraigado en la cultura china y se suele atribuir a una historia sobre Jiang Ziya (姜子牙), un estratega famoso de la antigüedad. Según la leyenda, antes de alcanzar el éxito, vivía en la pobreza. Su esposa, cansada de la miseria, lo abandonó. Años más tarde, cuando Jiang Ziya se convirtió en un hombre poderoso e importante, su ex esposa regresó arrepentida pidiendo reconciliación. Él entonces vertió un cubo de agua en el suelo y le dijo: "Si puedes recoger toda el agua que he derramado, volveré contigo". Con esta acción, le demostró que algunas cosas, una vez hechas, son imposibles de revertir, como el agua derramada o la traición pasada.
Se utiliza con exactamente el mismo sentido, para hablar de palabras dichas, acciones tomadas u oportunidades perdidas que ya no tienen vuelta atrás. Es un recordatorio de la importancia de la prudencia y de aceptar las consecuencias irrevocables de nuestros actos.
Es fascinante cómo una metáfora tan simple y universal ha viajado a través del tiempo y las culturas, desde la China antigua hasta nuestros días, manteniendo intacta su profunda sabiduría.