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“La gente no quiere leer. Quiere haber leído.”

Alejandro Dolina dijo esto hace más de treinta años. Y cada vez que lo recuerdo pienso que no estaba hablando solo de libros.

Hay algo en esa frase que describe una relación muy particular con la experiencia: la de querer el resultado sin el proceso.

Hoy lo veo en todos lados.

Parece que la gente no quiere pensar. Quiere haber pensado. No quiere cuestionarse. Quiere poder decir que se cuestiona. No quiere atravesar la incomodidad. Quiere la imagen de alguien que la atravesó.

Sería fácil llamar a esto pereza. O frivolidad. Pero creo que es algo más interesante.

Querer haber leído no es flojera: es una forma de relacionarse con el saber que prioriza su valor de exhibición por sobre su valor de experiencia. Un saber para mostrar, no para transformar.

Y eso tiene consecuencias. Porque el saber que no pasa por el cuerpo, que no genera incomodidad, que no te deja distinto de como estabas antes de encontrarlo... no es realmente saber. Es decoración.

Lo que Dolina señalaba, creo, es que el esfuerzo no es un obstáculo para llegar al libro. El esfuerzo es el libro.

Y en un mundo que vende atajos para todo, eso se parece bastante a un acto revolucionario.

Mar 2
at
6:55 PM
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