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¿Da miedo la Justicia?

Solo una vez he pisado la Ciutat de la Justícia, de mi ciudad, Valencia, como inculpado.

Mi anciano padre, que entonces contaba ochenta años, y yo fuimos acusados de vandalismo y destrozos: se suponía que habíamos arruinado una motocicleta aparcada en la calzada.

¿Qué relación teníamos padre e hijo con la máquina? Para poder aparcar nuestro turismo sin dañarla, la desplazamos unos centímetros. La motocicleta no tenía daños visibles.

Al cabo de unas semanas nos llegaron las respectivas citaciones del Juzgado. Una magistrada había aceptado la denuncia de un querellante: el papá de un adolescente crecidito que pilotaba una moto todoterreno.

El caso parecía de chiste o de pesadilla. Ni mi padre ni yo teníamos suficiente corpulencia o fortaleza para infligir daños a aquella máquina. Tampoco teníamos razones para conducta tan incívica.

¿Por qué se admitió la denuncia? No lo sé. Durante el tiempo en que aquello se demoró y finalmente se resolvió vivimos meses de angustia. Sentíamos una incongruente culpabilidad. Finalmente fuimos exculpados. El denunciante fue obligado a abonar las costas, etcétera.

Su hijito, el de la motocicleta, había tenido un serio percance un mes antes de los hechos denunciados. Adjuntó la factura o el papel que el mecánico le había expedido. Lo añadió como prueba: como justificante que revelaba nuestro acto vandálico.

La falta de escrúpulos del denunciante y la disposición poco atenta de la magistrada que aceptó encausarnos agravaron mi concepto de la naturaleza humana. Alguien puede decir que tuvimos suerte, que la verdad siempre triunfa, que nos libramos gracias a la Justicia.

No nos libramos. Vivimos una larga temporada de angustia.

Cuando en el texto que adjunto y destaco, Antonio Papell cita las asociaciones que ejercen la acusación popular en el caso de David Sánchez Pérez-Castejón, debemos convenir en que da miedo acudir a la Sala de Justicia. Rezas para ver qué magistrado te toca, para ver quién te denuncia y para ver si sales bien parado.

El vandalismo ideológico se extiende.

Los partidos y asociaciones que han sentado en el banquillo al hermano de Pedro Sánchez y que ejercen la acusación popular son estos: Manos Limpias, Hazte Oír, Abogados Cristianos, Vox, Liberum, Iustitia Europa y el PP. Nuestro sistema judicial es, cuando menos, pintoresco. Con este personal ocupado, dicen, en la defensa de la legalidad, da miedo entrar en la propia sala de justicia.

May 31
at
8:22 AM
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