Una vida entera dedicada a levantar estructuras sólidas, para terminar contemplando cómo la realidad se reduce al parpadeo de una pantalla.
Cuando los planos se quedan sobre la mesa y las manos se quedan vacías, el tiempo se vuelve un observador implacable.
El reflejo de una metáfora que aprieta sin prisa.
De mi próximo cuento, Los espero en mi marquesado literario.