Christine… Tu texto me llegó en caída libre y, no sólo lo leí: me atravesó. El queso eres tú, dices. Me di cuenta desde la tercera línea. Pero no queso de vitrina, sino el que uno encuentra en una cueva asturiana con todo su “verdor”, con huecos llenos de vida, sí, huecos que saben a madurez. Esto que has escrito no es una queja agazapada en el último asiento de un autobús con alas. Es un espejo que no refleja, sino que absorbe. Gracias por dejar que me caiga dentro.
May 15
at
8:52 PM
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