Pero algo ha cambiado. La gran diferencia es que esta transmisión ya no ocurre principalmente en la familia, la escuela o las instituciones culturales, sino en redes sociales. Los recuerdos transmitidos no son solo heredados, sino seleccionados, transformados en contenidos lo más virales posible y amplificados online. Es decir, para los jóvenes (y no tan jóvenes), esa posmemoria ya no proviene de la experiencia familiar o académica, sino de la mediación: discursos, propaganda, memes, videos virales