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El dióxido de cloro (CIO₂), un compuesto atrapado entre su uso industrial y la polémica médica. La desinformación mediática y regulatoria lo equipara erróneamente con lejía o al MMS, sin distinguir su química única y alta solubilidad. Existen estudios preclínicos que sugieren un perfil de seguridad en dosis controladas.
La resistencia institucional a investigar, ejemplificada por acciones disciplinarias contra médicos en todo el mundo, como ejemplo, contra mi propia persona porque reporté usos en Bolivia, con resultados satisfactorios y solicité investigaciones científicas de calidad durante la era covid, o de igual forma, la Dra. Teresa Forcades, todo lo cual amplía la brecha entre ciencia, medicina, regulación y ciudadanía.
Es necesaria una regulación que permita ensayos clínicos rigurosos (aleatorizados, doble ciego) para evaluar seguridad y eficacia en dosis controladas, superando el estigma y el prohibicionismo que mantienen el tema en un limbo especulativo.
El segundo simposio sobre aplicaciones bioxidativas en Bolivia reaviva el debate.