Tu texto me hizo pensar en algo que vimos en Brasil. La llamada “Cracolândia” fue desmantelada. El lugar desapareció. La ruina no: se dispersó.
Pero hay una diferencia.
La ruina química apaga el cuerpo. La ruina moral apaga la forma.
La primera se ve en la calle. La segunda se normaliza en silencio.
Y cuando la forma se pierde, la caída ya no necesita drogas.