En realidad, me resulta curioso que la inseguridad —¡simplemente eres insegura!— se haya convertido en el principal insulto del mundo moderno, en lugar de ser un hecho. ¡Sí, soy insegura! ¡No hay nada seguro en este mundo a lo que aferrarse! Muéstrenme algunos valores compartidos, una base sólida, algo a lo que aferrarse con seguridad. Es normal sentirse inseguro en una situación que no lo es.
Me parece una respuesta completamente natural a vivir en un mundo moralmente ambiguo, donde las normas, costumbres y compromisos cambian constantemente. Donde tenemos un movimiento empeñado en romper todos los límites sociales posibles, solo para insistir en defendernos nosotros mismos. Donde nunca nos dieron un código moral consistente, y no podemos confiar en que nadie más lo tenga.