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Morning! Palabras más, palabras menos, decía un escritor famoso —creo que era uno de esos rusos inmortales— que todos los problemas del hombre derivan del hecho de que no se puede estar quieto en una habitación. Y sí. Lo conecto con que hoy me enteré que lo más escuchado en Spotify por mujeres entre 25 y 34 años de edad son los podcasts de crímenes violentos. Necesitamos drama. Necesitamos rush. Necesitamos entretenimiento. No sabemos qué hacer con nuestra mentecita en modo estático. Algún monje budista explicaba que la mente es como un changuito que hace un desorden por todos lados, brinca, no se está quieto y bueno, hace lo que su naturaleza silvestre le dicta a menos que la entrenemos, la dominemos, la aplaquemos. ¿Cómo entrenar a nuestra mente para tenerla lo mejor posible bajo nuestro control? Un método es someternos al aburrimiento, aprender a convivir con ella. Esto es de las cosas que más me encanta ver en la gente en el gym: cuando están haciendo lo suyo sin audífonos, sin necesidad de ruido adicional, cuando son ellos, su mentalidad, su ejecución y listo. Saber estar aburrido, esperar, estar en silencio, controlar la necesidad de checar el celular cada dos segundos, de que haya escándelo en el auto, en la casa, en donde estemos, es una marca del pro que sabe domar a su animalito salvaje. El éxito no viene del entretenimiento sino de lo rutinario. Y lo rutinario se vuelve aburrido. Este es el truco: lo aburrido es el precio a pagar. Págalo.

—A.

Aug 2, 2024
at
2:47 PM
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