Mi amada,
confieso que deseo devorarte toda,
por eso lo intento con tus pequeños pies y manos,
y dentellando tu rotundo culo.
Y mi mente, por más que lo recalco, aún no concibe que no estás hecha de Crème Brûlée.
Por lo pronto he de contentarme con lamer tu cubierta de caramelo.
— Carlos Umbert