El acto de destruir un objeto de valor incalculable y con una profunda carga cultural es un shock para el espectador. Ai Weiwei está cuestionando qué es más valioso: el objeto y la historia intocable o el acto de libertad de expresión. La obra es una metáfora de la destrucción de la cultura y la memoria bajo el control de los regímenes totalitarios, y un desafío a quién tiene el poder de definir el valor.