El arte de Doris Salcedo, aunque se enfoca en el trauma local, habla de la injusticia y la necesidad de la memoria global. Ella demostró que el arte más poderoso es el que se toma el tiempo para dar forma al dolor, recordándonos el valor de la lentitud y el material físico frente a la velocidad y la superficialidad digital para abordar problemas profundos.