He escrito sobre eutanasia empezando donde casi nunca empezamos: en la habitación. La persiana a medio bajar, el respirador, el cansancio familiar, el miedo a ser una carga. Porque cuando un caso se convierte en bandera, dejamos de ver a la persona y empezamos a discutir ideas —y ahí ya hemos cometido un error moral.
En el texto propongo cambiar el marco: no ideología, sino cuidado. La pregunta no es solo “qué permite la ley”, sino qué significa cuidar cuando ya no se puede curar; qué condiciones (paliativos, apoyo psicológico, acompañamiento, alternativas reales) hacen que una decisión no sea desesperación organizada. Y una distinción decisiva: autonomía no equivale a abandono.
Si te interesa esa frontera —el territorio de lo trágico, la bioética mínima de Diego Gracia y el papel del lenguaje— te dejo el artículo completo.