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He leído este texto sobre el valor de leer en tiempos de fragmentación y me ha hecho pensar que quizá estamos perdiendo algo más que la capacidad de concentrarnos: estamos perdiendo la experiencia de la continuidad. Leemos a saltos, pensamos a saltos, vivimos a saltos. Todo ocurre demasiado rápido y nada termina de sedimentar.

Leer un libro —leer de verdad— es aceptar la duración. Es someterse al tiempo de otro, a la estructura de un pensamiento que no se puede consumir en fragmentos. Por eso leer tiene un valor que no es solo cultural o intelectual, sino casi moral: nos enseña a permanecer, a sostener una idea, a acompañar una historia hasta el final.

Pensaba también que hay gestos que van en la misma dirección, aunque parezcan distintos. Leer en voz alta, por ejemplo, convierte la lectura en compañía, en presencia compartida; la palabra deja de ser solo información y se vuelve voz, ritmo, respiración. Sobre eso escribí hace tiempo en La voz que acompaña claudiacastano.substack….

Y algo parecido sucede cuando escribimos a mano. La mano obliga a pensar más despacio, a elegir las palabras, a aceptar la lentitud del pensamiento que se va formando mientras se escribe. Escribir a mano es, en cierto modo, pensar con el cuerpo. De eso hablé en Escribir con el cuerpo mispropiasrealidades.co….

Leer despacio, leer en voz alta, escribir a mano. Tres gestos que parecen pequeños, pero que en realidad son formas de resistencia contra la fragmentación del mundo y contra la fragmentación de nosotros mismos. Formas de volver a habitar el tiempo, la atención y la memoria.

Apr 6
at
7:56 AM
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