Volví de vacaciones con una meta clara: enero es para construir, no para seguir en reuniones eternas sobre el "cómo".
Para lograr esa velocidad junto a mi socio, tuve que enfrentar mi talón de Aquiles: tener conversaciones incómodas pero indispensables.
Acabo de comprobar que la ambigüedad sale carísima en los negocios. Cuando eres claro, los intereses se alinean (o no) rápido, y dejas de navegar a la deriva.
Hoy escribo sobre la importancia de hablar sin rodeos para poder avanzar de verdad. 👇