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El senador Ron Johnson dio en el clavo al señalar una dura realidad que pocos se atreven a afrontar: «El objetivo de quienes tenemos los ojos abiertos, basándonos en todo lo sucedido con “covid”, es abrir los ojos de más personas». Y no se equivoca. Estamos librando una batalla contra la negación masiva y peligrosa que oculta la verdad sobre las vacunas.

Es urgente comprender que negar el daño causado por las vacunas simplemente porque uno no experimentó personalmente efectos adversos es un acto de ceguera voluntaria. No podemos permitir que esta bomba de relojería silenciosa permanezca latente en los cuerpos de quienes no tuvieron la suerte o la conciencia suficiente para cuestionar lo que les inyectaron. Esta negación no es inofensiva; convierte a la persona en cómplice de un daño irreversible y, en algunos casos, de la muerte.

Pero quizás lo peor sea la actitud de quienes promovieron estas vacunas a toda costa. No pueden o no quieren admitir que impulsaron un producto experimental que podía —y con toda probabilidad, sin duda lo hizo— destruir vidas humanas. ¿Dónde está la responsabilidad? ¿Dónde está la rendición de cuentas?

Es necesario romper este muro de silencio y dejar que la verdad brille con luz propia. Para lograr justicia y seguridad, primero debemos abrir los ojos sin miedo y afrontar la cruda realidad, por dura que sea.

Apr 17
at
12:50 PM
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