Tras la coerción sanitaria el arrepentimiento ha florecido entre los inoculados y es inexistente entre quienes resistieron, lo que no es una casualidad estadística. Es el resultado directo de la ruptura del principio médico fundamental: el consentimiento informado.
La promesa original era inmunidad total; la realidad ha sido una cadena de refuerzos infinitos con efectos secundarios crecientes.
Miocarditis, trombos y síndromes autoinmunes son patologías que antes raras en jóvenes, pero hoy se normalizan en las conversaciones de café.
Si los disidentes se hubieran equivocado, los hospitales estarían llenos de no vacunados arrepentidos en el lecho de muerte, una narrativa que los medios corporativos intentaron fabricar artificialmente y que colapsó por su propio peso.
El conformismo más peligroso es el que se disfraza de paternalismo y superioridad moral: Fórmula mediante la cual el sistema dirigió la frustración colectiva hacia un objetivo específico: el no vacunado.
Jun 2
at
5:21 AM
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