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Acabo de terminar de leer “Flores de verano” de Tamiki Hara, para seguir indagando en el pánico nuclear: se ve que soy masoca.

Hara fue una especie de dandi, miembro de una familia pudiente de empresarios textiles, con muchas ganas de leer y pocas de trabajar, según se retrata a sí mismo.

Sufrió el bombardeo de Hiroshima en la ciudad: el relato “Flores de verano” recoge su experiencia en el mismo día 6 de agosto de 1945. Desde dentro de la catástrofe, nadie sabía que estaba ante un evento bélico radicalmente nuevo: en el relato solo hay confusión, incendios salvajes, personas padeciendo terriblemente y una desorientación total porque no quedan puntos de referencia sobre el terreno. No hay hongo ni ninguno de los elementos del imaginario nuclear clásico.

La edición de Impedimenta presenta, además del relato “Flores de verano”, “Preludio a la aniquilación”, más literario, sobre los meses previos a la bomba, y “De las ruinas”, sobre las semanas posteriores, con un gran valor documental y donde la radicación solo es un rumor y nadie entiende nada de lo que está pasando. Los trenes y las personas van y vienen de Hiroshima a trompicones, socorriendo a los enfermos.

Hara publicó estas obras entre 1947 y 1949. En 1951 se suicidó.

Apr 5
at
10:35 AM
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