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Hay una soledad que no se cura con compañía.

Puedes estar rodeado de gente y sentirte completamente solo por dentro.

Porque no es soledad de personas. Es soledad de presencia. De algo que sostenga cuando todo tiembla. De alguien que entienda sin que tengas que explicar. De una voz adentro que diga: todo va a estar bien.

Jesús llamó a eso el Consolador. Y prometió enviarlo. No de visita. A quedarse.

Adentro.

Esa paz que a veces aparece sin razón en medio del caos. Esa fuerza que no es tuya pero está ahí cuando la necesitas. Esa certeza silenciosa que no puedes explicar pero tampoco puedes negar.

No es casualidad. Es el Consolador. Haciendo lo que prometió.

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May 10
at
12:00 PM
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