A veces Dios te cierra una puerta y sientes que es el fin.
Pero lo que parece el fin a veces es solo el cambio de escena.
Pablo cantaba en la cárcel a medianoche. Con los pies en el cepo. Sin ver salida.
Y entonces vino el terremoto.
No antes de que cantara. Después.
Hay cosas que solo se mueven cuando decides confiar en la oscuridad.
Cuando dejas de exigirle a Dios que te explique y empiezas a cantarle igual.
La puerta que se cerró quizás no era tu puerta.
Y el terremoto que necesitas puede estar a una oración de distancia.
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