Hace unas semanas empecé a leer La bastarda de Violette Leduc y me fascinó no tanto su narrativa de acontecimientos —que también— como su sonoridad. En su prosa la frase se extiende, se repliega, vuelve a abrirse. Y da esa sensación de que la misma escritora, mientras escribe, busca algo que todavía no está del todo delante de ella. La cabalgata.