Esto es lo que más me preocupa de todo el tinglado del “LUX”: que mucho me temo que el hastío y la sobrexposición tienen cierta parte de artificial. Que, de alguna forma u otra, le estamos haciendo el trabajo y el juego a la industria cultural. Nos lanzamos a las redes sociales pensando que estas serían la herramienta con la que emanciparnos de unas discográficas que imponían un discurso musical único. Hace tiempo dijimos que “¡ya basta de que la industria decida qué grupo triunfa y cuál no!”. Con las redes sociales, pensábamos, un grupo novel podría autopromocionarse y nosotros podríamos encumbrar a un artista pequeñito. Pero el tiempo ha convertido las redes en la mencionada cámara de eco en el que solo se repite el mensaje que sigue imponiendo la industria cultural.