A veces hay textos que perforan las entrañas, inoculando palabras entretejidas que permean el pecho hasta alcanzar un nervio desconocido, íntimo. Su eco, sin embargo, reverbera en nosotros con una sorprendente familiaridad. Y nos ofrece el recuerdo ensordecedor de que somos siempre relato, de que nuestra identidad es una amalgama sedimentada de textos de la boca de un abuelo, de la carta de un amigo, del susurro de una novia, de la pregunta de una hija, de la confesión de un padre que envejece. Somos una estratigrafía de palimpsestos.
Mar 30
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8:30 AM
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