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El capítulo uno no es para ti.
Es el error más común y el más difícil de ver.
Llevas meses, o puede que años, construyendo tu mundo. Sabes cómo funciona su economía, qué pasó hace trescientos años y por qué los perros de cierto continente son verdes. Y cuando por fin te sientas a escribir el capítulo uno, todo eso quiere salir. Es normal. El problema es que a tu lector todavía no le importa nada de eso.
La pregunta que vale la pena hacerse antes de escribirlo es: ¿qué tiene que sentir mi lector al terminar este capítulo? No qué tiene que saber. Qué tiene que sentir.
El capítulo uno no es para ti. Es para el lector. Y el lector solo necesita una cosa en las primeras páginas: una razón para seguir leyendo.
Todo lo demás puede esperar al capítulo dos.
