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Fui a una biblioteca que no es la mía específicamente a por este libro: quería leer sobre piscinas en una piscina en Valencia. Quería un libro de verano, en realidad, que no son los libros de crímenes cortos y trepidantes que la gente se imagina, sino libros que hablan del agua, del sol y la brisa del mar; para disfrutarlos más si los tienes delante, para evocártelos si no. Nadie había tocado este libro en un año. Sólo otra persona lo había sacado antes de mí, y su lectura se remontaba al verano pasado.

Cuando por fin lo encontré, en un estante lleno de polvo de la sección de ensayo, lo abrí por una página al azar y la casualidad quiso que fuese el inicio del capítulo que se titula “Gracias, Julia”. Yo creo que era la voz del propio libro, que me agradecía –¡utilizando mi nombre!– que pusiese fin a su cautiverio de oscuridad en la biblioteca. Ahora este libro ha visto el sol, ha sentido el agua, ha viajado lejos, de Madrid a Valencia; ha sido leído en una piscina, que creo que tal vez es lo que se imaginaba durante todo el invierno en el estante. Al fin conoce ese "campo magnético de ligereza y alegría" del que habla.

Jul 24
at
2:21 PM
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