En un país que se rompe y en una etapa de la vida que se vive como el fin del mundo, el horror es una forma de realismo. La Virgen de la Tosquera elige ese punto exacto de cruce. No hay épica, ni nostalgia, ni reconstrucción histórica, hay otra forma de mostrar la crisis: rollitos de plata que se guardan en latas en medio de las bombachas, precios nuevos, mal humor, el deseo de que esta vez Susana llame y nos salve, filas para acarrear agua ante los cortes, robos a comercios y puntazos a los chorros, remises por dos pesos y vino pico de oro en Tetra Brick. ¿Hay algo más argentino que ese escenario?¿Hay algo más humano que esa escena a la que diciembre a diciembre volvemos a temer?