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Conoce a Jessica Esparza Espinoza, analista de datos y analista de discursos 💛

Mis padres son comerciantes. Mi papá cursó la preparatoria, pero no la concluyó; mi mamá, con admirable determinación, decidió a sus 50 años estudiar el bachillerato y logró obtener su certificado. Aunque ellos no tuvieron acceso a una educación formal, siempre nos inculcaron a mis hermanos y a mí la importancia de estudiar para aspirar a una mejor calidad de vida. Nunca nos impusieron una carrera, porque ni siquiera sabían lo que implicaba cursar una licenciatura. Me dieron libertad total para elegir mi camino, y yo elegí el conocimiento.

Me apasionan las ciencias sociales y las humanidades. Desde siempre he sentido una profunda necesidad por entender al ser humano y su existencia. Estudié en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Estos sitios me abrieron las puertas a un vasto universo intelectual, pero también me alejaron de una realidad que tarde o temprano tenía que enfrentar: la necesidad de trabajar y sostenerme por mí misma.

Me gradué con buenas calificaciones y mención honorífica, pero sin experiencia laboral. Mis padres financiaron mis estudios con la esperanza de que el título universitario me abriera las puertas a mejores oportunidades. No fue así. Pronto descubrí que las carreras que había elegido no eran valoradas en términos económicos, y me enfrenté a un mercado laboral donde largas jornadas no alcanzaban ni para cubrir lo básico.

En un intento desesperado por ser económicamente independiente, acepté un empleo en una empresa familiar. El salario era bajo y los conflictos personales hicieron que no durara ni un año. Más tarde trabajé como freelance en pequeñas consultoras de marketing y publicidad. Aunque me permitían generar ingresos de vez en cuando, la inestabilidad era constante. Y uno necesita comer todos los días.

Fue entonces que decidí estudiar una maestría, no solo por el conocimiento, sino también por la posibilidad de obtener una beca y redefinir mi perfil profesional. Comencé a investigar áreas dentro de las tecnologías de la información donde pudiera aplicar las habilidades desarrolladas en las ciencias sociales. Así llegué al análisis de datos. Mi tesis de maestría se centra justamente en ese cruce entre los datos y los temas sociales.

Después de la maestría, acepté el primer trabajo que encontré como analista de datos para ganar experiencia. Sin embargo, nuevamente me enfrenté a condiciones precarias y una carga laboral excesiva. Llegué a pensar que cambiar de rumbo había sido un error… hasta que conocí el programa de Laboratoria. Ahí encontré a mujeres con trayectorias similares a la mía, con quienes pude compartir experiencias que antes me resultaba difícil expresar incluso con mis amigos. Sus testimonios fueron un alivio y me ayudaron a entender que debía seguir intentando, pero con más estrategia y menos desgaste.

Laboratoria me brindó herramientas clave: aprendí a enfocar mejor mis esfuerzos, a reconocer el valor de mi perfil y a proyectarme con más seguridad. Incluso rechacé algunas oportunidades porque supe que podía aspirar a algo mejor. Las coordinadoras del programa me guiaron durante cada postulación, ofreciéndome perspectivas valiosas para seguir mejorando.

Tras dejar mi primer empleo formal en el área de análisis de datos y después de postular a muchas vacantes, participé en un nuevo proceso de selección. Superé diversas pruebas y entrevistas, y fui contratada con un mejor sueldo y condiciones laborales más justas. Pero, más allá de haber conseguido un nuevo empleo, me siento más fuerte, segura y con el ánimo para seguir creciendo profesionalmente. Además, estoy empezando a sanar el sentimiento de fracaso que arrastraba desde hace años.

Hoy entiendo que el éxito profesional no depende solo del conocimiento teórico o técnico, los contactos o el carisma. Se trata, sobre todo, de conocerse a una misma y saber presentar con claridad y autenticidad las habilidades que uno cosechó con tanto esfuerzo. Sin Laboratoria, no hubiera podido lograr comprenderlo y aplicarlo. Estoy profundamente agradecida con mis compañeras y con el programa, hacen falta este tipo de espacios para empoderar a mujeres talentosas que perdieron la fe después de tantas experiencias laborales dolorosas.

Jul 7
at
4:15 AM
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