Una ratita siendo torturada explica por qué, cuando te pasan muchas cosas negativas, no ves la salida.
En los años 60, un psicólogo llamado Martin Seligman quiso poner a prueba una teoría
Para ello, algunos ratones recibirían descargas eléctricas de las que no podrían escapar, hicieran lo que hicieran.
Imagínatelo: estaban en su jaula, tranquilos y de forma aleatoria, sin que pudieran controlar o hacer algo para evitarlo, recibían una dolorosa descarga.
Esto rompía algo esencial que necesitamos para sentir tranquilidad:
La sensación de que lo que hacemos tiene consecuencias.
La sensación de que tenemos algún tipo de control.
En el caso de los ratoncitos, eso quedó totalmente destruido.
Y aquí viene lo interesante:
Aunque luego los investigadores colocaban a los animalitos en una nueva situación donde sí podían escapar de las descargas (por ejemplo, saltando una barrera), estos mostraban una pasividad extrema:
No intentaban huir ni aprender la nueva conducta de escape, a diferencia del grupo control (que no había sido expuesto a estas descargas indiscriminadas), que sí respondía adaptativamente.
Esto es lo que en psicología se conoce como indefensión aprendida y es un fenómeno que también nos ocurre a nosotros:
Sentir cómo experiencias previas donde ha habido falta de control condicionan tu futuro.
Aunque ahora sí haya salida.
Aunque ahora sí puedas hacer algo distinto.
Cuando este fenómeno entra en juego, es como mirar la realidad con un filtro:
No ves lo que es posible, ves lo que aprendiste que era imposible.