Hay vínculos que se sostienen en la mera presencia. Se comparte un techo, una cama, una agenda. Se intercambian palabras, gestos, comidas. Desde afuera, nada parece faltar. Pero algo no termina de inscribirse.
¿Cuántas veces nos ha pasado? ¿Alguna estrategia decisiva para esos momentos de duda y soledad acompañada?