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Colombia: Otra restauración ultraconservadora

La victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia representa mucho más que una alternancia electoral. Expresa una derrota política e histórica del proyecto encarnado por el Pacto Histórico y confirma que el ciclo progresista latinoamericano atraviesa una fase de retroceso marcada por el fortalecimiento de las derechas radicales y de los proyectos restauradores. La diferencia fue estrecha, inferior a 250.000 votos, pero sus implicaciones son profundas. (bbc.com/mundo/articles/…)

Resulta insuficiente explicar este desenlace únicamente a partir de la ofensiva mediática, la polarización o el miedo. Todos esos factores estuvieron presentes y jugaron un papel clave (ver diario-red.com/articulo…). Sin embargo, la cuestión central es otra. Cuatro años después de la llegada de Gustavo Petro a la presidencia, amplios sectores de la sociedad colombiana no percibieron que las transformaciones prometidas hubieran alterado de manera decisiva las estructuras de poder que dieron origen a la crisis. Cuando un proyecto de cambio no consigue consolidar una nueva mayoría social y cultural, un nuevo bloque histórico, queda expuesto a que el bloque conservador reorganice sus fuerzas, cambie de personal donde sea necesario y recupere la iniciativa.

La trayectoria reciente de Colombia recuerda una lección recurrente de la historia latinoamericana. Las victorias electorales pueden abrir oportunidades extraordinarias, pero difícilmente producen transformaciones duraderas si no están acompañadas por procesos de articulación popular, organización territorial y reforma moral e intelectual. En la mayoría de casos, esas victorias electorales “progresistas” generalmente terminan en gobiernos extremo centristas - en el mejor de los casos. Y allí donde las expectativas generadas por el cambio superan a las capacidades efectivas para materializarlo, como han sido los casos desde Honduras hasta Chile y hoy Colombia, emerge el terreno fértil para el desencanto, la frustración y el retorno de soluciones autoritarias.

De la Espriella construyó su campaña alrededor de una narrativa de orden, seguridad y reducción del Estado. Su discurso encontró eco en una sociedad golpeada por la violencia, la incertidumbre económica y el desgaste político acumulado. Sus propuestas de endurecimiento represivo, expansión extractiva y reducción drástica del aparato estatal conectan con tendencias que ya se observan en otras experiencias regionales vinculadas al ascenso de figuras como Javier Milei o Nayib Bukele.

El resultado colombiano confirma que América Latina ha ingresado en una etapa distinta. La disputa ya no gira alrededor de la expansión progresiva de los gobiernos de izquierda, sino alrededor de la capacidad de defender, profundizar y reconstruir los avances alcanzados durante la última década. Colombia se convierte así en otro escenario donde el electorado ha optado por desmontar aquello que había decidido construir apenas cuatro años atrás. Esa paradoja revela una crisis más profunda que la derrota de un gobierno. Revela los límites de una transformación que, una vez más, no logró arraigarse con suficiente fuerza en la sociedad para resistir el embate restaurador.

Jun 22
at
12:48 AM
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