Es aquí donde mejor se entiende que la abundancia es sinónimo de libertad. Que no tiene nada que ver con tener más bienes escasos (esto es, más compromisos) sino con permitirnos vivir en el mundo de las cosas que no tienen límite. Y en comenzar a reconocer un mayor estatus no a quien tiene más bienes limitados, sino a quien mejor sabe vivir una vida buena (¡extraordinaria, incluso!) en un lugar abundante.