Soy un cineasta documentalista de la herida.
Un hombre que aprendió a mirar la vida con los ojos cansados, como quien mira una calle vacía después de la lluvia y entiende que ahí también hay belleza.
Mi historia no ha sido tranquila. A los ocho años la vida me golpeó con un derrame cerebral, y desde entonces supe que existir no siempre es sencillo. He vivido con baja densidad ósea, con epilepsias, con depresión y con ataques de pánico. He sentido muchas veces que mi cuerpo y mi mente iban por caminos distintos, como si uno quisiera quedarse y el otro escapar.
Pero aun así seguí.
Seguí entre sombras, entre caídas, entre días pesados y noches largas. Seguí porque en medio del dolor encontré una forma de mirar distinto. Por eso hice del arte mi refugio, de la fotografía y la escritura mi lenguaje y del cine y la musica mi manera de contar lo que llevo dentro.
No he vivido una vida perfecta. He vivido una vida real. Una vida rota en partes, a veces triste, a veces silenciosa, pero mía. Y en ese caos aprendí algo: que también se puede crear desde la herida, que también se puede respirar desde la oscuridad, y que a veces la belleza nace justo donde todo parecía perdido.
Soy eso: un hombre que no solo vivió, sino que aprendió a narrar su propia ruina para convertirla en memoria.