A veces pasamos tanto tiempo adaptándonos a vínculos que duelen,
que cuando aparece alguien que no quiere cambiarnos, el cuerpo no sabe qué hacer con eso. Cuesta creer que sea así.
El sistema nervioso, cuando ha vivido en alerta durante años, no se relaja de inmediato ante el respeto, el cuidado, la atención...
Al principio, lo seguro puede sentirse extraño. Incluso aburrido. Es más, incluso sospechoso.
Y no es porque falte conexión, sino porque no hay amenaza.
Tengamos presente que:
No necesitas demostrar nada para que te quieran.
No tienes que explicarte mejor, bajar el tono, ser más fácil o menos intensa.
No tienes que corregirte para ser merecedora.
El amor que regula no exige rendimiento. El vínculo seguro no te pide que te traduzcas.
Y algo importante para recordar: lo seguro también puede ser emocionante, solo que es una emoción que no acelera, sostiene.
Si hoy aparece alguien con quien puedes ser tú sin estar en guardia, deja que el cuerpo tarde lo que necesite en confiar. No lo fuerces. Y tampoco lo sabotees.
Estás aprendiendo algo nuevo: que no todo lo intenso duele, y que no todo lo bueno exige sacrificio.
Eso también es reeducación del sistema nervioso.
Pilar ⨀