Me miras, te levantas y preparas un café. El aroma del grano tostado empieza a llenar poco a poco todas las cavidades… y también a llenarme por dentro. Traes una jarra recién hecha y dos tazas de porcelana, quizá lo único de valor que aún se conserva. Me ofreces una. Me miras a los ojos y dices:
Para recuperar un corazón roto, se empieza por la calidez.