La discusión no debería ser quién “gana” con 250 mL o 500 mL, ni con 1, 2 o 4 mg.
Porque en quirófano, el problema real no es que existan varias alternativas.
El problema empieza cuando cada quien la prepara distinto y aun así todos creen que están hablando del mismo esquema.
La seguridad no nace de ganar una pelea de números.
Nace de tener:
— una dilución pactada
— una concentración conocida
— microbolos reproducibles
— una titulación consistente
— y un lenguaje compartido por todo el equipo
Pueden cambiar los números.
No debería cambiar el acuerdo.
Ese, para mí, es el punto maduro de esta discusión:
no obsesionarnos con “la única dilución correcta”, sino construir un sistema que realmente se pueda repetir, enseñar y usar bien en sala de operaciones.
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