Si tras la nore cayó la frecuencia, no empieces culpando a la molécula.
Muchas veces el problema no es que la noradrenalina “bradicardice”.
El problema es que la presión se fue demasiado arriba, el barorreflejo respondió y el corazón frenó.
Eso no es magia.
Eso es fisiología.
Por eso, ahora que la efedrina escasea, cambiar de fármaco no basta.
También hay que cambiar la forma de usarlo:
menos rutina, más microbolos, más titulación, más revaloración y más atención al fenotipo hemodinámico.
La nore puede tener mucho sentido.
Pero no se usa con piloto automático.
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