Llevamos casi dos semanas de la última gran algarada del partido republicano desde la estúpida, ridícula defenestración de Kevin McCarthy del cargo de Speaker de la cámara de la representates y tengo que confesar que esta es una historia de la que no me voy a cansar nunca, incluso con todas sus potenciales consecuencias. Especiamente cuando las disputas son cada vez más enloquecidas y el partido entero está viajando lentamente del sainete al esperpento, y de ahí al teatro del absurdo.