A veces me descubro en piloto automático, queriendo más sin darme cuenta de todo lo que ya tengo.
Confundo ese impulso con ambición, pero en el fondo creo que es un inconformismo que no descansa.
Y lo curioso es que, si me detengo, si realmente miro a mi alrededor, sé que ya tengo mucho para ser feliz.
Solo necesito recordármelo más a menudo.