Lo que el extractivismo le hace al territorio es lo mismo que el patriarcado le hace a los cuerpxs: los vacía, los envenena, los descarta cuando ya no sirven.
Contaminar un río y golpear un cuerpx responden a la misma lógica de dueñidad que transforma lo vivo en recurso explotable.
La pedagogía de la crueldad enseña a no sentir: a mirar el desastre como paisaje natural, la violencia como destino inevitable.
Desaprender esa anestesia es el primer paso para recuperar lo común.
El poder aprendió que el shock paraliza y que en la confusión se imponen las reformas más brutales.
Cada crisis (provocada o aprovechada) es una oportunidad para saquear lo público, privatizar lo común y disciplinar a los pueblos.
La crueldad no es exceso ni desborde: es método, es doctrina.
Feb 24
at
11:24 AM
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