En Salem no se desató la magia, se intoxicó el pan.
Las “posesiones demoníacas”, las visiones y los cuerpos convulsionando podrían encajar mucho mejor con un hongo pegado al centeno que con el diablo pegado a las muchachas.
Imagina una aldea puritana comiendo a diario microdosis de LSD del siglo XVII, sin saberlo, en un contexto de miedo religioso y rencillas vecinales.
El resultado no fue una orgía de aquelarres, sino un experimento macabro de toxicología social.
Si te dijeron que las brujas de Salem fueron cosa de superstición, espera a ver qué pasa cuando metes microbiología y neurotoxinas en la ecuación.
Los juicios por brujería revelan cómo el miedo religioso y los conflictos comunitarios podían destruir vidas. Fue un episodio de pánico moral más que de justicia.
Feb 17
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12:30 PM
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