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LA SILLA DE RUEDAS EN LA ENTREGA DE DIPLOMAS

En la antigua Roma, los médicos militares se llamaban medici vulnerarii. Sanadores de heridos. Nadie pensó en darles un nombre para cuando los heridos fueran ellos.

Hoy la Asociación MIR España ha publicado un “Descansa en paz”. Otro residente que no va a terminar su formación.

No dan nombre. No dan hospital. No dan especialidad. Solo tres palabras y un número de teléfono.

Esto me toca de cerca. Más de lo que me gustaría.

Durante mi residencia, un compañero se lanzó desde una terraza. Fractura de pelvis. De las que yo, como traumatóloga, sé que destrozan mucho más que huesos.

Pero el destino, o la biomecánica, o lo que sea que decide estas cosas, quiso que sobreviviese.

Todavía recuerdo la entrega de diplomas del último año. Todos de pie. Aplausos. Sonrisas. Y él llegó en silla de ruedas.

No voy a decir su nombre. Eso le pertenece a él.

Pero sí voy a decir esto: los médicos tenemos la tasa de suicidio más alta de todas las profesiones. Casi el doble que la población general.

Nos enseñaron que los médicos no enferman. Que no lloran. Que no piden ayuda. Eso no viene en ningún temario, pero es la primera lección que aprendes en un hospital.

Tenemos la profesión más bonita del mundo. Pero esa misma profesión nos está matando.

Si el peso es demasiado, llama al 024. Es gratis. Es confidencial. Funciona 24 horas.

Pedir ayuda no es debilidad. Es el diagnóstico más valiente que puedes hacerte

Feb 24
at
3:34 PM
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