EL EQUINOCCIO, UN BATIDO DETOX Y UNA RODILLA ROTA
Hoy es 20 de marzo. Equinoccio de primavera. Así que
¡Feliz año nuevo!
No, no estoy borracha.
Para los romanos, el año empezaba en marzo. El mes de Marte, dios de la guerra. De hecho, si te fijas, septiembre significa “mes séptimo.” Octubre, octavo. Noviembre, noveno... y así. Cuenta desde marzo. Cuadra todo.
¿Y por qué cambió? Por culpa nuestra.
En el 153 a.C. Roma estaba en guerra con los celtíberos. Les estaban dando tal paliza que los cónsules romanos no llegaban a tiempo. Se elegían en marzo, viajaban hasta Hispania y cuando llegaban ya era otoño. Así que el Senado movió el inicio del año a enero. Para tener más tiempo de venir a pegarnos.
Y no les sirvió de mucho.
Pero eso no es lo que te quería contar. Es que me lío con la historia, no puedo evitarlo.
Lo que te quería contar es que yo sé qué época del año es sin mirar el calendario.
Me basta con ver quién entra por la puerta de urgencias.
Porque cada primavera aparecen. Los runners de marzo. Cuatro meses en el sofá y de repente salen a correr como si les persiguiera un oso. Con unas zapatillas del 2019. Sin calentar. Sin progresión.
El catálogo es siempre el mismo: fascitis plantar, periostitis tibial, roturas fibrilares, tendinopatías rotulianas.
Después de no correr ni al autobús desde noviembre.
La palabra equinoccio viene del latín aequinoctium. Noche igual. Lo único que se equilibra hoy es la luz. No tus chakras.
Lo que sí equilibra tu cuerpo es algo mucho menos glamurosor: moverte. Todos los días. Con cabeza. Sin osos persiguiéndote.
A lo mejor la felicidad está en una sentadilla.
O en salir a caminar sin destrozarte.