15 CENTÍMETROS ME SEPARAN DE SER UNA EMINENCIA
Hoy necesito contarte algo sobre cómo funciona un quirófano.
Hay múltiples configuraciones. Con dos, tres o cuatro cirujanos, dependiendo de la complejidad del caso. Pero la configuración, digamos, estándar o mínima es: un cirujano principal y un ayudante.
El principal es el que opera. El que se hace cargo de seguir al paciente. El ayudante es el que toma las riendas si hay cualquier problema, el que se dedica a separar, el que se tiene que saber la cirugía tan bien como el principal. Pero no se va a hacer cargo del paciente (en principio).
Y hay una norma no escrita: el cirujano principal elige la altura de la mesa quirúrgica. Que para eso tiene que estar cómodo. El ayudante se adapta.
Si el principal es más alto, necesitas una plataforma metálica de cinco, diez o quince centímetros para llegar al campo quirúrgico.
Ese día yo estaba operando de ayudante. Mi compañero colocó la mesa bastante alta. Y me di cuenta de que necesitaba un alza cuando ya estaba lavada y estéril. Así que le pedí a la enfermera circulante que, por favor, me acercase un “elevador de eminencias”. Que es como a mí me gusta llamarlo. De coña.
— Querrás decir un “enanostato” - me responde
— No. Quiero un elevador de eminencias.
Me miró por encima de la mascarilla.
— Solo será un elevador de eminencias cuando publiques un libro y seas una eminencia.
Me subí al enanostato. Sin rechistar. Porque a las enfermeras de quirófano no se les discute.
¡Pero cariñoooooo! El 8 de abril es el día.
ELEVADOR DE EMINENCIAS.