The app for independent voices

EL ÚNICO QUE NO QUIERE QUE MUERA

Ayer firmé mi hipoteca.

Que es una de las cosas que no entiendo. La gente te da la enhorabuena. Por endeudarte más allá de tu jubilación. Como si acabaras de ganar un premio en lugar de encadenarte a 360 cuotas.

Aunque pensándolo bien, quizá esa enhorabuena tiene sentido. Me refiero al Seguro de vida. Porque por primera vez, hay alguien genuinamente preocupado porque no me muera antes de tiempo. Gracias, banco.

El contrato tiene 228.000 letras (a ojo, no las he contado). Las primeras van en tipografía normal, amable y casi cariñosa.

Hacia la mitad, todo se pone en negrita. Negror total. Es la parte donde te explican lo que pasa si dejas de pagar. “Bienes presentes y futuros”. Desde embargarte hasta colgarte de los pulgares. Ríete del cobrador del frac.

En la República de Florencia, a los deudores morosos les rapaban la cabeza y les paseaban por la ciudad montados en un burro. Por lo menos era al aire libre.

Pero eso no es de lo que quería hablar, que me lío.

Yo defiendo la sanidad pública. Con uñas y dientes. Pero hay una cosa que me saca de mis casillas. Un paciente se apunta para operarse. Se le cita. Preanestesia. Se le estudia. Se programa un quirófano. Anestesista. Cirujanos. Enfermeras. Auxiliares. Celadores. Material estéril abierto.

Y el día de la cirugía aparece para decir que ha cambiado de opinión. Sin sanción. Sin consecuencias.

Un quirófano entero paralizado. Profesionales sin trabajo esa mañana. Recursos evaporados. Es la versión bestia de no ir a tu cita sin avisar.

Quizá la sanidad pública debería aprender algo de las hipotecas.

Apr 1
at
7:20 AM
Relevant people

Log in or sign up

Join the most interesting and insightful discussions.