La capacidad de concentrarte durante horas en tareas cognitivamente exigentes es, al mismo tiempo, cada vez más rara y cada vez más valiosa.
El entorno digital fragmenta la atención de forma sistemática. Cada notificación tiene un coste cognitivo que va mucho más allá del tiempo perdido.
Cultivar el trabajo profundo no es solo productividad, es una estrategia de diferenciación en un mercado que premia la profundidad, no la velocidad.